Conoce la hepatitis y actúa ya

 

 ¿Qué es la hepatitis?

La hepatitis es una patología que consiste en una inflamación del hígado la cual se produce por varias causas:

  • Agentes virales o virus. Los más conocidos son el virus A, el virus B y el virus C. También en menor medida por los virus D y E
  • Otras causas como  infecciones, sustancias tóxicas (por ejemplo, el alcohol o determinadas drogas) o enfermedades autoinmunitarias.

La importancia de saber reconocerla y prevenirla se debe a que la hepatitis es una enfermedad que con el tiempo, puede provocar un daño irreversible del hígado, que se llama cirrosis hepática y es la principal causa de cáncer al hígado. Por lo tanto, para la salud mundial es muy importante el manejo adecuado, la prevención y el tratamiento de esta enfermedad.

Los síntomas son similares en todos los tipos de Hepatitis. La infección aguda puede acompañarse de pocos síntomas o de ninguno; también puede producir manifestaciones como la ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos), orina oscura, fatiga intensa, náuseas, vómitos y dolor abdominal. La hepatitis C es bastante silenciosa.

Es importante consultar al médico ante síntomas generales, tipo gripales ya que muchas veces la hepatitis aguda no presenta los síntomas clásicos como la ictericia (piel amarilla) y coloración oscura de la orina. Por este motivo, la “recomendación es consultar y hacer los exámenes específicos para detectar si realmente se está frente a una hepatitis o se trata de otro cuadro”.

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¿Cuáles son los distintos virus de la hepatitis y su transmisión?

Los científicos han identificado cinco virus de la hepatitis designados por las letras, A, B, C, D y E. Todos causan enfermedades hepáticas, pero se distinguen por varios rasgos importantes.

El virus de la hepatitis A (VHA) está presente en las heces de las personas infectadas y casi siempre se transmite por el consumo de agua o alimentos contaminados. Se puede propagar también por ciertas prácticas sexuales. En muchos casos la infección es leve, y la mayoría de las personas se recuperan por completo y adquieren inmunidad contra infecciones futuras por este virus. Sin embargo, las infecciones por el VHA también pueden ser graves y potencialmente mortales. La mayoría de los habitantes de zonas del mundo en desarrollo con saneamiento deficiente se han infectado con este virus.

Se cuenta con vacunas seguras y eficaces para prevenir la infección por el VHA.

El virus de la hepatitis B (VHB) se transmite por la exposición a sangre, semen y otros líquidos corporales infecciosos. También puede transmitirse de la madre infectada a la criatura en el momento del parto o de un miembro de la familia infectado a un bebé. Otra posibilidad es la transmisión mediante transfusiones de sangre y productos sanguíneos contaminados, inyecciones con instrumentos contaminados durante intervenciones médicas y el consumo de drogas inyectables. El VHB también plantea un riesgo para el personal sanitario cuando este sufre pinchazos accidentales de aguja mientras asiste a personas infectadas por el virus.

Existe una vacuna segura y eficaz para prevenir esta infección.

El virus de la hepatitis C (VHC) se transmite casi siempre por exposición a sangre contaminada, lo cual puede suceder mediante transfusiones de sangre y derivados contaminados, inyecciones con instrumentos contaminados durante intervenciones médicas y el consumo de drogas inyectables. La transmisión sexual también es posible, pero mucho menos común.

No hay vacuna contra la infección por el VHC.

Las infecciones por el virus de la hepatitis D (VHD) solo ocurren en las personas infectadas con el VHB; la infección simultánea por ambos virus puede causar una afección más grave y tener un desenlace peor. Hay vacunas seguras y eficaces contra la hepatitis B que brindan protección contra la infección por el VHD.

El virus de la hepatitis E (VHE), como el VHA, se transmite por el consumo de agua o alimentos contaminados. El VHE es una causa común de brotes epidémicos de hepatitis en las zonas en desarrollo y cada vez se lo reconoce más como una causa importante de enfermedad en los países desarrollados. Se han obtenido vacunas seguras y eficaces para prevenir la infección por el VHE, pero no tienen una distribución amplia.

 

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Prevalencia a nivel mundial de la hepatitis

Al mirar las cifras esta enfermedad, la hepatitis B y C son mucho más frecuentes y hay mucho más personas infectadas y viviendo las consecuencias de esta enfermedad, que por ejemplo el VIH.

La cantidad de personas que hay en el mundo contagiadas con hepatitis B y hepatitis C es muy grande”, tal y como informa la OMS, por lo que conocer las maneras de contagio y prevención son vitales.

240 millones de personas tienen infecciones crónicas por hepatitis B.

150 millones de personas padecen infección crónica por hepatitis C.

La hepatitis E puede inducir una mortalidad del 20% entre las mujeres embarazadas en el tercer trimestre de la gestación.

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Prevención de la hepatitis

De conformidad con esa resolución, la OMS estableció el Programa Mundial contra la Hepatitis, cuyos objetivos consisten en:

  • reducir la transmisión de los agentes etiológicos de las hepatitis víricas:
  • reducir la morbilidad y la mortalidad de las hepatitis víricas mediante la mejora de la atención a quienes las padecen, y
  • reducir el impacto socioeconómico de las hepatitis víricas a nivel individual, comunitario y poblacional.

1.- Prevención Hepatitis A: La mejora del saneamiento, la inocuidad de los alimentos y la vacunación son las medidas más eficaces para combatir la hepatitis A.

La propagación de la hepatitis A puede reducirse mediante:

  • sistemas adecuados de abastecimiento de agua potable
  • eliminación apropiada de las aguas residuales de la comunidad
  • prácticas de higiene personal tales como el lavado regular de las manos con agua salubre.

Muy importante vacunarse si se viaja a países endémicos

2.- Prevención Hepatitis B:

La vacuna contra la hepatitis B es el principal pilar de la prevención de esa enfermedad.La vacuna contra la hepatitis B. La OMS recomienda que se administre a todos los lactantes lo antes posible tras el nacimiento.

Uso de preservativo para la práctica de relaciones sexuales.

3.- Hepatitis C:

Como no hay vacunas para prevenir la infección por el VHC, la prevención depende de la reducción del riesgo de exposición al virus en el entorno sanitario, en los grupos de población de alto riesgo, como los consumidores de drogas inyectables, y en los contactos sexuales.

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¿Factores de riesgo de la hepatitis? 

Hepatitis A:

Cualquier persona que no haya sido vacunada o no se haya infectado antes puede contraer la hepatitis A. En las zonas donde el virus está extendido (alta endemicidad), la mayoría de las infecciones se producen durante la primera infancia. Entre los factores de riesgo cabe citar los siguientes:

  • saneamiento deficiente
  • falta de agua salubre
  • drogas inyectables
  • convivencia con una persona infectada
  • relaciones sexuales con una persona con infección aguda por VHA
  • viajes a zonas de alta endemicidad sin inmunización previa.

Hepatitis B:

  • personas que necesitan transfusiones frecuentes de sangre o productos sanguíneos, pacientes sometidos a diálisis y receptores de trasplantes de órganos sólidos;
  • reclusos;
  • consumidores de drogas inyectables;
  • parejas sexuales o personas que conviven con pacientes con infección crónica por el virus de la hepatitis B;
  • personas con múltiples parejas sexuales;
  • personal sanitario y otras personas que por su trabajo podrían estar expuestas al contacto con sangre y productos sanguíneos; y
  • personas que no hayan recibido la serie completa de vacunas contra la hepatitis B y prevean viajar a zonas en las que la enfermedad sea endémica.

Hepatitis C:

Los grupos de población más expuestos al riesgo de infección por el VHC son:

  • los consumidores de drogas inyectables;
  • los consumidores de drogas por vía intranasal;
  • los receptores de productos sanguíneos infectados, y los pacientes sometidos a intervenciones invasivas en centros sanitarios cuyas prácticas de control de la infección son inapropiadas;
  • los niños nacidos de madres infectadas por el VHC;
  • personas cuyas parejas sexuales están infectadas por el VHC;
  • personas infectadas por el VIH;
  • reclusos o exreclusos, y
  • personas que hayan tenido tatuajes o perforaciones ornamentales (piercings).

Diagnóstico

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Hepatitis A:

El diagnóstico se establece mediante la detección en la sangre de anticuerppos IgM dirigidos específicamente contra el VHA

Hepatitis B:

El diagnóstico de laboratorio de la hepatitis B se centra en la detección del antígeno superficial del virus de la hepatitis B (HBsAg). La OMS recomienda que se analicen todas las donaciones de sangre para detectar la infección, garantizar la seguridad de la sangre y evitar la transmisión accidental del virus a los receptores.

Hepatitis C:

Dado que la infección aguda por el VHC es generalmente asintomática, pocos son los casos diagnosticados en la fase aguda. A menudo, la infección crónica por el VHC también queda sin diagnosticar porque se mantiene asintomática hasta décadas después, cuando aparecen síntomas secundarios al daño hepático grave.

La infección con el VHC se diagnostica en dos etapas:

  • La detección de anticuerpos anti-VHC con una prueba serológica revela la infección.
  • Si los anticuerpos anti-VHC son positivos, para confirmar la infección crónica se necesita una prueba que detecte el ácido ribonucleico (RNA) del virus. Ello es así porque un 15% a 45% de las personas infectadas por el VHC eliminan espontáneamente la infección mediante una respuesta inmunitaria fuerte, sin necesidad de tratamiento, y aunque ya no estén infectadas seguirán teniendo los anticuerpos anti-VHC positivos.

Una vez diagnosticada una hepatitis C crónica se deberá evaluar el grado de daño hepático (fibrosis o cirrosis). Esto puede hacerse por biopsia hepática o por diversas pruebas no invasivas.

Además, se debería realizar una prueba de laboratorio para identificar el genotipo del virus. Hay seis genotipos del VHC, y su respuesta al tratamiento es diferente. Por otra parte, una misma persona puede estar infectada por más de un genotipo. El grado de daño hepático y el genotipo del virus se utilizan para orientar las decisiones terapéuticas y la conducta clínica.

Tratamiento 

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Hepatitis A

No hay ningún tratamiento específico para la hepatitis A. Los síntomas pueden remitir lentamente, a lo largo de varias semanas o meses. Lo más importante consiste en evitar medicamentos innecesarios. No se deben administrar antieméticos ni paracetamol. La hospitalización es innecesaria en ausencia de insuficiencia hepática aguda. El tratamiento persigue el bienestar y el equilibrio nutricional del paciente, incluida la rehidratación tras los vómitos y diarreas.

Hepatitis B

No hay un tratamiento específico contra la hepatitis B aguda. Por tanto, la atención se centra en mantener el bienestar y un equilibrio nutricional adecuado, especialmente la reposición de los líquidos perdidos por los vómitos y la diarrea. La infección crónica por el virus de la hepatitis B puede tratarse con fármacos, en particular agentes antivirales orales. El tratamiento puede ralentizar el avance de la cirrosis, reducir la incidencia de cáncer de hígado y mejorar la supervivencia a largo plazo.

La OMS recomienda la administración de tratamientos orales (tenofovir o entecavir) porque son los fármacos más potentes para suprimir el virus de la hepatitis B. Ahora bien, en la mayoría de las personas el tratamiento no cura la infección por el virus de la hepatitis B, tan solo suprime la replicación del virus.

Hepatitis C

La hepatitis C no siempre requiere tratamiento, porque en algunas personas la respuesta inmunitaria eliminará la infección espontáneamente y algunas personas con infección crónica no llegan a presentar daño hepático. Cuando el tratamiento es necesario, el objetivo es la curación. La tasa de curación depende de algunos factores tales como la cepa del virus y el tipo de tratamiento que se dispensa.

El tratamiento de la hepatitis C está cambiando rápidamente. Hasta hace poco se basaba en la administración de interferón y ribavirina, que exigía inyecciones semanales durante 48 semanas y curaba aproximadamente a la mitad de los casos, pero provocaba reacciones adversas frecuentes y en ocasiones potencialmente mortales.

Recientemente se han desarrollado nuevos medicamentos antivíricos, denominados antivíricos de acción directa (AAD), que son mucho más eficaces y seguros, y mejor tolerados que los tratamientos antiguos. El tratamiento con AAD puede curar a la mayoría de las personas infectadas por el VHC y es más breve (normalmente 12 semanas) y seguro. Aunque los costos de producción son bajos, los AAD antivíricos siguen siendo muy caros en muchos países de ingresos altos y medianos.

Como ejemplos citaremos  Sovaldi, por su nombre comercial, que utiliza la droga sofosbuvir, existiendo alta polémica en la mayoría de países por su alto precio a pesar de sus bajos costes de producción, y el Harvoni: 90 mg de ledipasvir y 400 mg de sofosbuvir.

Aún queda mucho por hacer para asegurar que esos progresos den lugar a un mayor acceso al tratamiento en todo el mundo, por lo que distintas asociaciones de enfermos a nivel mundial han levantado su voz para que todos los afectados tengan accesibilidad al tratamiento y posibilidad de cura.

 

 

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